PEDRÍN

¡OSTRAS PEDRÍN!


Chincha Rabiña…

Que la historia es cíclica y que todo se repite es un hecho demostrado a lo largo del tiempo, pero sobre todo es algo demostrable en las alcaldías de cualquier municipio, y, como no podía ser menos, en este nuestro maravilloso pueblo de San Pedro Alcántara.

Pensaba yo que ya había pasado la época cuando se hacían las cosas porque lo mandaba el alcalde y punto, sin consultar con los ciudadanos y por el supuesto bien general, aunque nadie lo comprendiera. Por decisiones como esas, se derribó la casa Robledano y se destrozó el San Pedro de Vicente Espona, así como otras actuaciones donde primero se actuaba y después se preguntaba. Esta técnica, que muchos hoy en día llaman neogilismo, y cuyo principal valedor suele ser el partido de la derecha, parece haber sido adoptada por nuestro querido teniente de alcalde Don Rafael Piña.

Por sus santos calzones y lo que los rellena, nuestro teniente de alcalde, el que se supone que gobierna para los cuatro mil y pico de ciudadanos que lo votaron hace ahora más de tres años y para el resto que no lo hicieron, ha decidido, después de cargarse el centenario palmeral de la avenida Marqués del Duero y peatonalizarla de facto, echar abajo la Plaza de la Iglesia, que, en sí, puede ser una decisión con la que estar más o menos de acuerdo, pero pensando que somos un pueblo turístico y que el verano suele ser cuando más turistas vienen, está claro que el momento no es el mejor para hacerlo. Y como si del antiguo alcalde se tratara, no permite ni una palabra ni actuación en contra, tapando pintadas con la rapidez del rayo o ignorando a todos los que no están de acuerdo con él.

Es una pena que, un año más, tres de tres de los que lleva este señor en la villa de San Luis, San Pedro tenga las calles principales levantadas en el periodo veraniego con algunas obras nuevas y con otras que se eternizan en el tiempo. Tan culpable él como el equipo de cargos de confianza que cobran a final de mes y que se supone que están ahí para asesorarle, aunque dudo que se deje. Estar pensando en junio del año que viene supone vivir en un futuro posible que no deja aprovechar el presente, y las obras, señor Piña, donde y, sobre todo, cuando sean necesarias.

Para gobernar hay que ponerle ganas y modos, y cuando las dos cosas se pierden por soberbia, el acto de gobernar se devalúa, y lo que se suele hacer es tomar decisiones para un beneficio más cercano al propio y al de la gente de tu alrededor.

Ojalá el señor Piña se quite la venda de los ojos, deje de rodearse de palmeros remunerados a final de mes y deje de pensar en las elecciones del año que viene y escuche a los vecinos del pueblo, a todos, a los que lo votan a él y a los que no, y dé un respiro a un centro que lleva en obras desde que él entró a gobernar, con unos socios primero y con otros después.

Ojalá eche un vistazo a pueblos vecinos que anteponen el bien de la ciudadanía en general y del verano en particular, dejando las obras aparte en este periodo de tiempo para dar la mejor de las bienvenidas a cualquier turista que tenga el gusto de visitarlos. Pueblos como Estepona o Manilva que preparan una programación veraniega sin obras en sus calles y con resultados visiblemente mejores a los de este nuestro maravilloso pueblo.

Chincha rabiña, que ellos tienen unos gobernantes con dos dedos de luces, con la cabeza en su sitio y con un sentido de la responsabilidad y del trabajo envidiable, y nosotros tenemos a Piña…

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