JESÚS MACKINTOSH. Luz de poniente

El sueño del Marqués del Duero


Durante el mes de Junio abundan los días que tienen una luminosidad muy peculiar, caracterizada por su intensidad. Parece como si todo se viera más claro y limpio. De hecho se pueden contemplar las cimas de las montañas que nos rodean mucho más nítidamente que el restos de días.  La frecuencia de estos días luminosos está asociada con el régimen de viento propio de las fechas, el poniente, acrecentado sus efectos si rola a norte, con la aparición del conocido terral. Las razones físicas las determina la procedencia de las corrientes de aire, que tienen su origen en las mesetas situadas al norte y oeste de nuestras sierras, al subir por las laderas nortes pierden toda su humedad, para recalentarse cuando descienden por las laderas orientadas al sur, obteniéndose  un aíre seco, caliente y límpido.

El efecto de barrido provocado por su azote se lleva las trazas de aire instaladas anteriormente que contienen polvo en suspensión,  tanto de origen natural como la calima, como de origen artificial como la contaminación,  y la luz penetra sin ser absorbida por ninguna partícula microscópica, dando la sensación de que todo se ve más brillante y luminoso. Aunque un efecto nocivo de dicha situación se produce porque aumenta la acción de la radiación ultravioleta contenida en el haz de luz, por lo que recomiendo mayor protección solar para nuestra piel.

Particularmente, disfruto mucho con los días de luz de poniente, porque mejora  la contemplación del entorno natural  y de todos los elementos que la componen, desde nuestras propias sierras hasta las vecinas de Marruecos; el mar presenta un color azul marino más profundo y las aves que la sobrevuelan en contraste, se ven más realzadas. También es posible, que dado que las corrientes marinas derivadas del poniente sirven para que el cardumen se desplace en su misma dirección, se pueda observar la silueta de las bandadas de delfines o calderones que recorren nuestra costa alimentándose de él.

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