PEDRÍN. Collar distinto

¡Ostras Pedrín!

Pasada la feria, los primeros cien días de gobierno y el nombramiento de todos los cargos de confianza, es hora ya de hacer un pequeño balance de la gestión que está realizando este nuevo gobierno de mayoría absoluta, donde, si bien han cambiado las formas, el fondo sigue siendo el mismo.

No vamos a negar que el talante del nuevo teniente de alcalde no tiene nada que ver con la actitud y los modales del antiguo faraón, ni que la atención al público ha cambiado de cabo a rabo y ya no hace falta tener el carnet de sampedreño visado por el partido político local para que se le haga a uno caso. Hasta ahí, punto positivo para el partido de las gaviotas (o albatros, según dicen) y para el Sr. García.

También es cierto que la feria ha lucido como en los últimos años, salvada por la campana y montada sobre la bocina, eso sí, y con la sensación de despedida de un recinto ferial que tanto nos ha gustado desde que lo inventó quien ustedes ya saben, con artistas de última hora, algunos en las últimas horas también, y gran éxito de asistencia y público, con la novedad de la entrada libre en la caseta VIP, otro espectáculo que merece comentario aparte y gran aplauso final que ha dejado un muy buen sabor de boca, lluvia incluida en el día del Santo Patrón, pero a última hora también, para refrescar el ambiente. Y ya van dos positivos.

Pero donde no se sabe muy bien qué nota poner, por no irnos a los negativos directamente, es en la gestión de la plantilla local y en los cargos de confianza y directores políticos asignados. En eso, es más de lo mismo, mucho jefe para tan pocos indios o para tan pocas tareas.  Dinero público destinado a sueldos que no se puede gastar en otras cosas. Aquí, los peperos, como los anteriores, han puesto muchos y poco justificados. Si para organizar actividades culturales, fiestas en el pueblo y los cursos deportivos y de otras cosas de todos los años hace falta tanta gente, malo, y negativo al canto.

Anuncia ahora el Sr. Garcia, el destino de 18.000 euros para pintar las tan famosas y coloridas pérgolas de la plaza de la iglesia. Vale otra vez la intención, que para gustos los colores, pero digo yo que si no hubiera habido otra manera de cambiar el proyectito tan bonito que nos dejó en herencia el Sr. Piña, como por ejemplo organizándolo con los medios locales, que para pintura de bordillos hemos tenido. Además, casi urge más que quiten los parches esos de cemento que dejaron en las aceras colindantes a la plaza, que parece una obra de los años catapún, cuando una capita de cemento lo arreglaba todo. Otro negativo.

Va a resultar al final que si ponemos dos positivos y luego dos negativos, nos quedamos como estábamos, a cero, es decir, que ni frío ni calor, que todo sigue tal y como estábamos, con otros vecinos en la Villa de San Luis pero con el mismo objetivo, cobrar a final de mes y buscar la manera de no fastidiarla mucho para salir en las siguientes elecciones. Lo que ya se sabe, el mismo perro con collar distinto. Da igual que se llame García, Piña, Midón o Mérida. La sensación es que miran más por ellos que por los demás. Dentro de tres años y medio inaugurarán el nuevo ambulatorio, la piscina, el instituto y los espigones, y de paso, nos recordarán que estamos en elecciones y que lo mejor para todos (por no decirnos para ellos) es que los votemos. Y mientras tanto, la oposición hablando bajito, no vaya a ser que les dé por quitar el sueldecillo que tan bien viene a final de mes. Eso sí, el tema de las fotos sigue igual de vigente que siempre, aunque esta vez la señora alcaldesa aparece con más frecuencia. Espero que no sea para recordarnos a los sampedreños que ella ya no necesita ayuda de nadie para repartir los presupuestos. Y ya se sabe lo que dice el refrán, el que reparte y reparte…

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