RAMON DORIA BAJO

EL COMENTARIO


Edredón y azar

El Somateria Mollissima o Pato Eider también conocido como Pato Edredón cría en las islas de las costas del norte de Noruega, tiene su plumón más suave, más delicado (Del latín Mollis: suave) que ningún otro pato de aquellas latitudes. Sus nidos están forrados con ese plumón para así mantener el calor de los huevos mientras sus padres no están allí. De la capacidad calorífica de dicho plumón deviene que se utilice para la confección de los edredones de más alta calidad. Los lugareños recolectan un copo de cada nido –para que el resto mantenga el calor de la pollada– y poco a poco van haciendo su saco.

Figurémonos dos pequeños plumoncitos del cuello de un pato edredón (El plumón A y el plumón B, imaginémonoslos cuasi idénticos, nacidos a la par uno del otro, cual minúsculas y livianas bolitas de fino plumón. Pensemos en cómo los permanentes vientos que azotan esas islas baten sus diminutos cuerpecillos intentando separarlos del ave. Ambos saben que pronto se desprenderán de su agarre: quizás se queden en el profundo nido calentando algún futuro descendiente o lo más probable –si no tienen la suerte de cumplir con su cometido vital– salgan en volandas hacia el adusto infinito.

El día X, muy de madrugada, cuando el fuerte viento marino agiganta las olas hacia los fiordos, el plumoncillo A sale despedido inmerso en un remolino volador en dirección al continente. Horas más tarde, el pequeño plumón B, justo cuando su portador llega de nuevo al nido: se desprende. Ha sido afortunado, sin duda tendrá que luchar por permanecer allí lo más posible y, si lo consigue, será feliz. Pasa un mes y los huevos eclosionan: el plumoncillo B se felicita por haber podido aguantar hasta el final. ¡De pronto! Siente como en unión de otro montón de compañeros es arrebatado hacia lo alto por unas inmensas pinzas (los dedos del recolector) y, seguidamente, empieza a dar tumbos en la oscuridad de un saco. Otra nueva vida se abre a sus sentidos: dará calor a otros cuerpos en otras latitudes, verá mundo, sentirá más, VIVIRÁ MÁS Y MEJOR ¡QUÉ SUERTE!

Así les pasa a los humanos: unos pocos nacen inteligentes y la mayoría no; unos nacen ricos y la mayoría no, unos a un lado de una frontera y otros al otro, y unos nacen educados en el esfuerzo y a otros nadie los educa. La humanidad no puede influir en el azar de la ruleta de la inteligencia pero sí puede dotar a todos de más igualdad, más educación y más libertad.

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