RAMON DORIA BAJO

EL COMENTARIO


La esencia del Turismo

Consiste, sin duda, en conocer otra cultura (idioma, gastronomía, costumbres…). Según la OMT en 2018 se alcanzarán 1.400 millones de turistas internacionales. Y en la medida que se incrementa el turismo las ciudades se gentrifican (sus cascos antiguos se vacían de sus vecinos habituales –que se desplazan al extrarradio por la carestía de los alquileres- y toda su actividad se centra en servir al visitante: hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes y el nuevo comercio de franquicias desplaza al tradicional. Según Wikipedia, en Bolonia sólo el 10% de la población vive en el casco histórico).

Esos centros de las ciudades turísticas se convierten en verdaderos «teatros» donde se dan representaciones culturales: forasteros se disfrazan de lugareños, guían y explican la ciudad a los turistas; cocinan los platos típicos; visten los trajes regionales y bailan al son de las canciones tradicionales. Todos han aprendido su respectivo oficio en un cursillo acelerado que les ha impartido la multinacional hotelera o la franquicia de turno, y recepcionistas y dependientes obtienen un sobresueldo en comisiones por las “indicaciones” a los turistas. Nadie vive en esos viejos caserones pues sólo sirven para albergar los remozados hoteles o B&B y, en sus bajos, los locales de las franquicias. Todo parece un precioso decorado por el que transitan rebaños de turistas empeñados en fotografiar/grabar/adquirir todo aquello que les suene a típico. Las calles comerciales de las ciudades turísticas son tan idénticas que uno no sabe si está en Ámsterdam, París, Londres o en Roma. Hasta la Naturaleza queda mancillada cuando la visitan hordas de turistas.

Ocurre entonces que el viajero avezado descubre la ficción cultural y no repite el viaje pues éste nada le aporta. Es decir, el propio incremento logarítmico del turismo asfixia el turismo: EL TURISMO MUERE DE ÉXITO. Y si el sector turístico acapara el 80% de la economía productiva, la muerte del lugar turístico está cantada. ¿Qué futuro tiene una ciudad, como Barcelona o Florencia, que reciba cada año tres o cuatro veces el número de sus habitantes?.

¿Quién es el verdadero beneficiario de este aberrante turismo masivo? Salvo los turistas aborregados que disfrutan ordenando sus fotos y torturando con ellas a sus conocidos, los claramente más beneficiados son las compañías de transporte, hoteleras o las franquicias comerciales y de restauración, que pagan a sus empleados temporeros salarios indignos.

En el nuevo Orden Internacional parece que a Europa le toca ser el gran decorado turístico. ¡Estamos buenos!.

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