El timo de la estampita

Por Manuel Fernández Valdivia

El timo de la estampita. No vamos a recordar a nuestra señora alcaldesa que padecemos la peor pandemia en 100 años vivida. Tampoco que, envalentonada, prometió ayudas por importe de 130 millones de euros que aun no han llegado. Pero, señora, al menos cumpla con las migajas.

Pero nosotros sí que recordamos que el Ayuntamiento sacó a concurso 700.000 euros de la partida destinada a las luces de Navidad. Si a caso, los solicitantes tocaban a 350 euros por negocio. Quedaron fuera, por ejemplo, aquellos que debían un recibo duplicado de Basura. Duplicado porque, entre otras trampas, el consistorio gira cobros indebidamente por este concepto, mezclando la industrial y urbana para un mismo inmueble registrado. También se da el caso de multiplicar por dos, tres o los que sean, si en un mismo local están dados de alta varios autónomos.

Todo esto es ilegal, recurrible y hasta denunciable. Y no son errores, es simplemente el afán de un enriquecimiento ilícito por parte de la Administración pública y los gobernantes que la dirigen. Quitados de en medio un puñado de solicitantes, tras meses sin soltar una perra gorda, llegaron los munícipes con la rebaja. De los prometidos e insignificantes 350 euros, al estafado contribuyente solo llegan 283, tras haber realizado unilateralmente y sin avisar, una retención del 19%.

No sabemos si los ganadores del concurso habrán recibido sus correspondientes premios de 1.000, 2.000 y 3.000 euros, o la reducción que se les habrá realizado, visto lo visto. Ahora nos han prometido nuevas “ayudas” de 2.000 y 3.000 euros. ¿Llegarán? ¿Acabarán igual de reducidas? ¿Y qué dice a todo esto el colectivo empresarial? Me estaré volviendo sordo, porque no los oigo.

Y digo yo

Y digo yo. Ya que no soltamos un céntimo ¿no sería mejor rebajar impuestos y tasas? Y no hacer el ridículo, como ocurrió en el pasado pleno, en el que la mayoría popular dio al traste con la posibilidad de reducir o anular durante la crisis la tasa industrial de la basura. Concepto que, como hemos dicho, suelen cobrar indebidamente por duplicado a muchos locales y oficinas.

¿No es para pensar que nos timan? Nos muestran un Ayuntamiento con 313 millones anuales en ingresos, prometen ayudas por 130, y no son capaces de cumplir con el pago de 350 a un puñado de trabajadores. Un ayuntamiento que es tan indolente ante la crisis, que ni rebajar una simple tasa municipal pretende. Mientras tanto, cierres, ruina, trampas y más paro. Está claro que solo el fin de la pandemia nos sacará de esta crisis económica pero, al menos, de quienes viven holgadamente de lo público, de nuestros impuestos, esperamos aunque sea un pequeño gesto de humanidad frente a la presión fiscal que ejercen sin piedad para seguir manteniendo sus privilegios.

Parece que, como de costumbre, será mejor esperar sentados. Esto se nos da muy bien. El timo de la estampita

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