La calderilla y las instituciones

Calderilla: Conjunto de monedas de escaso valor. Usura: Práctica que consiste en cobrar un interés excesivamente alto por un préstamo (Vigente por Ley de 1908).

Vistas estas definiciones, entremos en materia. He observado que en distintas cadenas de supermercados; en la galería comercial de la zona de entrada, existen instaladas unas máquinas, parecidas a los cajeros automáticos, que ofrecen un servicio nuevo; te cambian la calderilla por billetes de curso legal. Todo muy cómodo y funcional, oprimes el botón de «comenzar», viertes tu calderilla en la bandeja y la maquinota pone sus tripas en funcionamiento; con el característico tintineo monetario, ¡et voila!, en un instante, conoces en la pantalla: «qué puedes comprar con tu calderilla».

Feliz de poderte desembarazar de semejante peso, te diriges a Atención al Cliente del establecimiento alimentario y allí te canjean el justificante que te ha entregado la maquinita por dinero contante y; en este caso, no-sonante, pues se trata de billetes. Habrás pagado, ¡eso sí!, una pequeña comisión, según te explica la pantalla, por el servicio pero “parece” que ha merecido la pena.

La comisión en cuestión es del 9,9%, es PEQUEÑA en cuanto su cuantía; pues normalmente la chiquillería que va metiendo calderilla en un cerdito-hucha de esos ahorra-pagas, o sus mamás que lo van depositando en un frasco ahorra-angustias, no llegan a almacenar la calderilla en silos, como el Tío Gilito Donald, pero… es ENORME y BRUTAL en cuanto a su porcentaje. En lo que tarda el estómago de la maquina en engullir y contar la calderilla el beneficio asciende al Olimpo Financiero. Figúrense Vds., amables lectores, que cada instante les subiesen su sueldo en casi un 10%, ¡menuda bicoca! Además aquí el riesgo del cambista es cuasi nulo: quizás algún avispado introduzca monedas falsas o de otros países y obtenga un beneficio en el cambio por billetes de €uro y quizás algún descuidero-partero le practique una cesárea imprevista a la panza de la maquinota.

Sabemos que distintas sentencias de este último quinquenio han establecido como usura los intereses al 24,5% de Tasa «Anual» Equivalente, por considerarlos altamente desproporcionados con los de mercado. ¿Cómo no se considera el 9,9% «al instante» directamente LETAL para las pequeñas economías que son precisamente a las que va dirigido ese servicio? ¿Dónde están el Defensor del Pueblo, la Fiscalía y las Asociaciones de Consumidores, que han de velar por los más desfavorecidos de la fortuna? ¿Cómo no se prohíben directamente esas prácticas usurarias cuando ni siquiera hay préstamo ni riesgo alguno? Incluso me atrevería a señalar que los defensores de los derechos del niño debieran implicarse ante semejante despropósito.

Esta práctica es hoy factible por efecto de la tan, últimamente sonada, «libertad». Libertad de mercado en todos los ámbitos, caiga quien caiga, así se vendan viviendas sociales a fondos buitre o se esquilmen los magros ahorros de la chiquillería o… . Se trata de obtener «libertad» a cualquier precio. Pero… ¿de qué libertad estamos hablando?

Hace ahora 142 años, uno de nuestros historiadores más insignes, Galdós, ponía en boca de uno de sus personajes, que en la España de finales de 1830, presenciaba la agonía de Fernando VII y las intrigas por su sucesión, las palabras siguientes: “Por desgracia nuestro país no es liberal ni sabe lo que es la libertad, No se tiene idea de lo que es el respeto mutuo,… A excepción de tres docenas de personas… no pongo sino tres docenas… los españoles que más gritan pidiendo libertad entienden que esta consiste en hacer cada cual su santo gusto y en burlarse de la autoridad. En una palabra, cada español, al pedir libertad, reclama la suya, importándole poco la del prójimo…”

¿Acaso los usuarios de esas abominables máquinas traga-perras (nunca mejor dicho) han tenido libertad para poder llegar a formarse y saber que esas máquinas son el puro demonio de las finanzas? Han pasado dos siglos desde aquellos acontecimientos que dieron origen a las Guerras Carlistas y… ¿qué hemos aprendido los españoles acerca de la tan afamada «libertad»?

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