RAMÓN DORIA BAJO. La influencia de la publicidad

El Comentario


A finales de los años 60 viajé a Marruecos y algo que me impresionó sobremanera fue observar la multitud de antenas de televisión existentes. Las había en todo tipo de casas y conste que no se veían en mansiones sino en chabisques. Tanto fue así que pensé que eran antenas ficticias traídas por los emigrandos a Europa para así aparentar riqueza. A principios del milenio repetí mi asombro al observar en Cuba televisores de gran formato, funcionando con generadores de fuel, instalados bajo tejavanas carentes de agua corriente donde los caribeños veían los eventos deportivos. En el 2004 leí Non Olet del Premio Cervantes, Rafael Sánchez-Ferlosio, que me hizo comprender la verdadera causa de la facilidad de acceso televisivo en esos depauperados países: La TV –como antiguamente los diarios de noticias– no son otra cosa que vehículos de propaganda, bien para creación de necesidades artificiales en busca de consumidores potenciales para las producciones de las grandes empresas (Cuestión que ocurre en el primer mundo) o bien para adecuación  de los pensamientos políticos de los ciudadanos (Aspecto éste que prima en esos países subdesarrollados).

Años más tarde he tenido ocasión de leer, El Precio de la Desigualdad, de el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz de cuyo Capítulo 6, entresaco las siguientes frases: “Las grandes empresas utilizan los últimos avances en psicología y en economía, que han ampliado nuestra comprensión de cómo pueden condicionarse las preferencias y las convicciones, a fin de inducir a la gente a que compre sus productos”  “Cuando otros países se dedican a hacer eso, lo llamamos «lavado de cerebro» y «propaganda»” “El 1% [Más rico de la sociedad] sabe «más» acerca de cómo condicionar las preferencias y las creencias”

Por su parte Nietzsche a finales del siglo XIX nos decía: “alguien que tenga dinero e influencia puede hacer de cualquier opinión la pública”

La TV como nuevo elemento de propaganda y convicción iniciaba su andadura con el plenipotenciario “Ministro de Ilustración”, Goebbels, en la Alemania nazi durante la 2ª conflagración mundial. Y ahora, las técnicas de condicionamiento de las preferencias del público, no tienen parangón con aquello, pensemos en los Cookies y demás zarandajas que te llevan la atención a lo que quieren.

Yo, que me considero de la 2ª clase de inteligencias de Maquiavelo: la que es capaz de evaluar lo que otro comprende, llego a la misma CONCLUSIÓN que una pintada de un pueblo de Navarra: “LOS RICOS GOBIERNAN PORQUE LOS POBRES LES VOTAMOS”

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