El lenguaje

Por José Ramón Doria

El lenguaje. Por José Ramón Doria. Según nuestro genio de las letras, D. Benito Pérez Galdós (1843/1920), el lenguaje es un tanto «insuficiente», pues en su novela en cinco jornadas, Casandra, publicada en 1905, dice: “Como que El lenguaje es un órgano muy primitivo…, muy imperfecto. La mitad de las cosas que sentimos y pensamos no pueden ser expresadas. ” Y, el no menos genial Friederich Nietzsche (1844/1900), respecto al mismo tema, nos dijo: “Las discrepancias humanas son principalmente diferencias de lenguaje. Eso, según parece, lo escribió un poco antes de su muerte en un libro muy polémico que se publicó en 1951, por lo que parece imposible que se hubieran influenciado mutuamente. Lo que nos transmiten esas frases es que el lenguaje es parco y, quizás por ello o por las distintas acepciones de las palabras: conflictivo.

Nietzsche cuando acometió la escritura de su obra más conocida, Así habló Zaratustra dudó en si hacerlo en alemán pues pensaba que, tal vez, dicha lengua no fuera tan expresiva como las latinas y, sin embargo, cuando -tras meses de feroz lucha con las cuartillas- la obra vio la luz, su viveza y expresividad, fueron rompedoras y entusiasmó a los lectores. Por su parte Ortega y Gasset (1883/1955) se quejaba de las indebidas interpretaciones que habían suscitado su obra La rebelión de las masas, llegando a decir que de haberlo sabido no la hubiera publicado. Así pues, está claro que las ideas complejas no son factibles de transmitirse en dos simples frases.

Matices de Nietzsche

Nietzsche continuaba el aforismo antes transcrito con la siguiente duda y su correlativa respuesta: ¿Resolvería una sola lengua, adoptada por todas las razas y naciones, la mayor parte de nuestras dificultades? Difícilmente. Hoy en día el inglés es la lengua vehicular por excelencia, lo mismo que lo fueron otras en otros momentos de la historia y, sin embargo, los hombres seguimos sin entendernos entre nosotros. Los que llamamos animales, no tienen lenguajes tan sofisticados como los nuestros pero tampoco tienen nuestra conflictividad. Se combaten sí pero…, al carecer de ambición acumulativa, también se respetan más que nosotros.

El «difícilmente» Nietzsche lo matizaba añadiendo, respecto al lenguaje: Necesita todas nuestras diferencias para la lucha fiera y eterna en la cual se refinan nuestras ideas y nuestras pasiones. D. Benito, por su parte, con ese don para la claridad y la precisión, del que estaba dotado, años antes había «bordado» el concepto diciendo: “De la discusión brota la luz…y el error o la verdad…no se descubren sino pasándolos por la piedra de toque la las controversias.” Episodio Nacional 9-VIII.

Y para rematar su sentencia Nietzsche decía: Si pudiéramos descubrir el origen de toda nuestra riqueza cultural, veríamos que por lo menos el ochenta por ciento reside precisamente en esas diferencias de idioma que nos parecen tan perturbadoras.”  Aforismo 11, Cap. VIII de Mi hermana y yo.

De todo lo anterior, me tomo la licencia de sacar la siguiente conclusión: Hemos de empeñarnos tozudamente en refinar nuestras ideas discutiendo entre nosotros en cualquier idioma, hasta en el de signos, con tal de entendernos, dejando así atrás las luchas fratricidas que sangran a la especie y que nos llevarán a la extinción por guerra atómica o por agotamiento de los recursos planetarios.

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